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¿Quién dice que no se puede?
“Querer es poder”, dice un adagio popular y el centro de aprendizaje “Poder” lo afirma: no sólo ofrece clases de inglés como segundo idioma y de computación, también motiva a sus estudiantes a aspirar a una educación superior.

Gisela Orozco La Raza
Ubicado en el barrio méxico-americano de Pilsen, este centro de aprendizaje otorga a los inmigrantes las herramientas necesarias para empezar a labrar su futuro en este país y sin importar su nivel educativo; aquí encontrarán desde clases de alfabetización, de inglés como segundo idioma y computación.

Cada alumno aprende a su propio ritmo y de paso, interactúa y comparte experiencias con sus compañeros. Lo que distingue a “Poder” de los otros centros de aprendizaje del área no sólo es novedoso de sus programas educativos, sino que en él los estudiantes tienen que seguir una serie de políticas y reglas.

“Desde el principio buscamos ser diferentes; queremos atraer a estudiantes que tienen un compromiso más serio con su educación”, asegura Daniel Lotfus, director del recinto.

A semejanza de las universidades, en “Poder” los futuros alumnos reciben una orientación antes de ingresar donde se les explica la importancia de ser disciplinados en su horario de clases y en su asistencia.

Y es que no pueden darse el lujo de “irse de pinta”, ya que si lo hacen, perderán el curso y tendrán que iniciar todo de nuevo. “Así de fácil como obtuvieron la oportunidad la pueden perder”, dice Lotfus.

Pero no hay razón para alarmarse ya que la institución tiene las puertas abiertas para todo el que quiera estudiar. Sólo que al reingreso, tendrán que pagar de nueva cuenta una inscripción al curso que tiene un costo de $10.

Grandes esperanzas

Lo que comenzó en 1997 como un simple programa de clases inglés como segundo idioma en las instalaciones del gimnasio aledaño a la iglesia de San Procopio dos días a la semana, es hoy en día todo un centro comunitario al que acuden diariamente más de 300 personas y que funciona once meses al año. En él trabajan cuatro maestros de tiempo completo y 13 de medio tiempo.

En “Poder”, según comenta el director ejecutivo, todos los programas educativos son diseñados por el propio personal docente y a cada estudiante se le fija una meta diaria que debe cumplir.

Aunque en los inicios el centro sirvió principalmente a la comunidad mexicana, ahora también acuden sudamericanos, centroamericanos…y hasta americanos, que no sólo participan como voluntarios sino que acuden a las clases de español como segundo idioma.

“El vecindario está cambiando y todos los habitantes debemos de tener un intercambio no sólo en materia educativa sino cultural”, comentó Daniel Lotfus.

Para aquellos que argumentan que no hablan inglés porque a pesar de estudiarlo no tienen con quién practicarlo, este sitio cuenta con la participación de colaboradores anglosajones de escuelas como las universidades Loyola y DePaul que interactúan con los estudiantes y así los motivan a hablar en inglés.

“La queja número uno de nuestros estudiantes es que no tienen muchas oportunidades para hablar inglés, aquí cada día tienen la oportunidad de entablar conversaciones uno a uno y con nuestros voluntarios, esa es una gran oportunidad”, añadió.

Uno de los que ha avanzado con este método de aprendizaje es Gerardo Villarreal, quien hace cuatro meses asiste a las clases. A menos de un año a su llegada a Chicago, este nativo de Monterrey, México, ya se siente con la confianza de entablar una conversación en el idioma anglo.

“En México nunca estudié (inglés), pero estar aquí y no dominar el idioma hace las cosas difíciles; ahora ya no me quedo callado, aunque reconozco que me falta mucho por aprender, ya puedo iniciar una conversación”, comentó.

Todos se han beneficiado con el centro no sólo los alumnos, sino también su director, quien ha sido “abrazado” por la comunidad.

“Nunca busqué hacer milagros, pero desde el principio supe que quería hacer algo diferente” comenta.

Lotfus, quien estudió Ciencias Políticas en Minnessota, buscaba trabajar en Washington DC, pero un viaje a Belice cambió su perspectiva y de regreso a Chicago comenzó a trabajar como maestro de educación bilingüe. Desde los inicios está al frente de esta organización que recibe un 20% de fondos federales y estatales y el resto de donaciones privadas.

Ahora lo que buscan es aumentar su estudiantado. “Queremos que nos visiten de todos los puntos de la ciudad”, comentó; para ello también están presentes por las tardes en la secundaria Cristo Rey en La Villita.

Todos los miércoles el centro tiene inscripciones abiertas.

Está localizado en el 1637 S. Allport St. y en el 1852 W. 22nd Place.
Para más información sobre los programas llame al (312) 226-2002.

 

Articulo proveido por el periodio la Raza derechos reservados © La Raza.
 
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